A veces, los cómics hacen la observación de que no hay bromas que sean divertidas, solo personajes que lo son. ¿Y no es eso cierto? Por eso siempre me matan las bromas. Soy terrible en ellas, porque tengo el derecho a bromear, pero no consigo captar el carácter correcto, y eso solo cae como un balde de agua fría.
El verdadero espíritu de la conversación consiste en la construcción en la observación de otro hombre, no volcarla.
A menudo se hace una observación y sólo más tarde se ve cuán cierto es.
Nuestros sentidos nos engañan o son insuficientes cuando se trata de análisis, observación y apreciación.