Las leyes son inútiles para los buenos, porque los hombres de bien no las necesitan; y también para los malos, porque éstos no son mejores con ellas.
Los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los colocados en los lugares más altos son los más inútiles.
Las leyes inútiles debilitan a las necesarias.
La cantidad de rumores inútiles que un hombre puede soportar es inversamente proporcional a su inteligencia.
Las lágrimas son inútiles, a menos que esté el marido presente para verlas derramar.