Podemos compensar en exceso nuestros sentimientos de impotencia tratando de controlar y manipular a otras personas y al entorno. O podemos estallar en una ira incontrolada, que suele ser muy exagerada y distorsionada por la larga represión.
Cuando te sientes mal, busca a una persona con quien hablar y llorar, expresar tu ira y otros sentimientos de impotencia.
Si hay violencia en nuestros corazones, es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia.