No hay cínicos, no hay materialistas. Todo hombre es un idealista, sólo que sucede con demasiada frecuencia que tiene un ideal equivocado.
Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades.
No se nace joven, hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal, no se logra.
El lugar ideal para mí es aquél en que es más natural vivir como extranjero.
Nuestra fuerza está en nuestro ideal y en nuestra pobreza, no en la riqueza sin ideales.
No sólo para gobernar, sino también para sublevarse hacen falta leyes estrictas. Un ideal fijo y habitual es condición para toda clase de revoluciones.
El estado ideal no es aquel en que cada uno tiene acceso a la misma cantidad de riqueza, sino en proporción a su contribución a la riqueza general.