La globalización nos ha hecho más vulnerables. Se crea un mundo sin fronteras y nos hace dolorosamente conscientes de las limitaciones de los instrumentos actuales y de la política para afrontar sus desafíos.
La Revolución Industrial provocó un desplazamiento secular del poder hacia el oeste; la globalización está cambiando el equilibrio nuevamente.
Las obras maestras del arte tienen un inmenso potencial para promover una visión del mundo que podría ayudar a calmar los temores sociales que plantea la globalización, la agitación socioeconómica más profunda desde la Revolución Industrial, que ha desatado una epidemia de nacionalismo retrógrado, separatismo regional y extremismo religioso.
En esta era de la globalización, los medios de comunicación en tiempo real y la televisión hacen que todo el mundo en todo el mundo se dé cuenta de que el uso de mucha energía se asocia con un alto nivel de vida y riqueza.
La globalización está provocando un obsesivo afán de identidad, que va a provocar muchos enfrentamientos. Nuestras cabezas se mundializan, pero nuestros corazones se localizan.
Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de la globalización.