Lo mejor que podemos hacer en favor de quienes nos aman es seguir siendo felices.
La vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta ignorancia.
Hay cuatro tipos de personas en el mundo: los amantes, los ambiciosos, los observadores y los tontos. Estos son los más felices.
Lo horrible de este mundo es que buscamos con el mismo ardor hacernos felices y impedir que los demás lo sean.
Estando siempre dispuestos a ser felices, es inevitable no serlo alguna vez.
Casi todas las personas son tan felices como deciden serlo.
No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.
Bebed porque sois felices, pero nunca porque seáis desgraciados.
La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable.
No vivimos nunca, sino que esperamos vivir; y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.
Nunca somos tan felices ni tan infelices como pensamos.
La manera de conseguir la felicidad es haciendo felices a los demás.
La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.
Los reyes quieren ser absolutos; los nobles quieren ser independientes; los pueblos quieren ser felices.
El dinero no puede hacernos felices, pero es lo único que nos compensa por no serlo.
Las sociedades deben juzgarse por su capacidad para hacer felices a las personas.
La religión cristiana, que parece no tener otro objetivo que la felicidad en la otra vida, también nos hace felices en esta.
Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.
Los satisfechos, los felices, no aman; se duermen en la costumbre.
Cuanto más felices son los tiempos más pronto pasan.
En la vida, lo más triste, no es ser del todo desgraciado, es que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo.
Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos.
No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria.
Los buenos terminan felices; los malos, desgraciados. Eso es la ficción.
Saltar rápidamente a conclusiones rara vez conduce a felices aterrizajes.