Un joven puede evitar el vicio pensando continuamente en la enfermedad. Puede evitarlo pensando continuamente en la Virgen María. Podréis discutir cuál de los dos métodos es más razonable, o incluso cuál es más eficaz. Pero no puede haber discusión alguna sobre cuál es el más saludable.
Una salud demasiado espléndida es inquietante, pues su vecina, la enfermedad, está presta siempre a abatirla.
La salud es un estado transitorio entre dos épocas de enfermedad y que, además, no presagia nada bueno.
Si alguien busca la salud, pregúntale si está dispuesto a evitar en el futuro las causas de la enfermedad; en caso contrario, abstente de ayudarle.
Los efectos del amor o de la ternura son fugaces, pero los del error, los de un solo error; no se acaban nunca, como una enfermedad cavernícola sin remedio.
Existe una tentación extremadamente sutil y peligrosa de confundir la paz con la simple ausencia de guerra, como estar tentados de confundir la salud con la ausencia de enfermedad, o la libertad con el no estar preso. La terminología es a veces engañosa. Por ejemplo, la expresión coexistencia pacífica significa ausencia de guerra y no verdadera paz.
El tedio es una enfermedad del entendimiento que solo afecta a los ociosos.
La enfermedad hace agradable la salud; el hambre la saciedad; la fatiga el reposo.
La enfermedad es el tirano más temible.
Muchas veces la enfermedad nace del mismo remedio.