Cultura: el grito de su destino en la cara de los hombres.
El destino de una nación sólo se puede evitar por una tormenta de pasión que fluye, pero sólo aquellos que son apasionados pueden despertar pasión en los demás.
Acepta las cosas a las que el destino te ata, y ama a la gente con la que el destino te junta, y hazlo con todo tu corazón.
El destino no es nada más que los hechos cometidos en un estado previo de la existencia.
No hay tal cosa como un accidente, sino que es el destino el nombre apropiado.
El tormento de las precauciones a menudo excede los peligros que deben evitarse. A veces es mejor abandonarse a sí mismo al destino.
El individuo tiene la capacidad de ser el mejor arquitecto porque en sus manos está lo que podría llegar a ser una obra maestra: su vida, su destino.
Una alma coherente cree en el destino, una caprichosa en la casualidad.
No hay hombre tan grande o sabio que ninguno de nosotros le entregue su destino. La única forma en que alguien puede guiarnos es devolviéndonos la creencia en nuestro propio autogobierno.
Yo desprecié los grados y distinciones. Aspiraba a un destino más honroso: derramar mi sangre por la libertad de mi patria.
De momentos felices, que toda vida tiene, está hecho el destino de los hombres. Pero no de épocas felices.
Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces, como hay azar y como hay destino, filosofemos.
El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio.
Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia.
Amo al que hace de su virtud su afán y fatal destino; pues por su virtud quiere seguir con vida y no quiere vivir más.
El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.
Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte.
Nuestro destino ejerce su influencia sobre nosotros incluso cuando todavía no hemos aprendido su naturaleza; nuestro futuro dicta las leyes de nuestra actualidad.
Luchar contra nuestro destino sería un combate como el del manojo de espigas que quisiera resistirse a la hoz.
No olvides tu historia ni tu destino.
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
Cada hombre debe tener derecho a elegir su destino.
Los espíritus vulgares no tienen destino.
El destino (también llamado fátum, hado o sino) es el poder sobrenatural inevitable e ineludible que, según se cree, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido de forma necesaria y fatal, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad.