No debería ser ninguna sorpresa que los que optan por actuar como una profesión son farsantes que viven en un mundo de fantasía. Lo que sorprende es cuántos de ellos son felizmente inconscientes de ello.
La próxima vez que algunos académicos señalen lo importante que es la diversidad, pregúntales cuántos republicanos hay en su departamento de sociología.
Las personas son fans de Dunkin' Donuts. Tienen una relación con la empresa, y van allí todos los días. Dunkin' Donuts está usando Twitter para comunicarse con esas personas. Hay quienes encuentran valor en eso. Hay miles de personas, no sé cuántos miles ahora, después de Dunkin' Donuts.
En Wall Street, él y unos pocos más — ¿cuántos? trescientos, cuatrocientos, quinientos — se habían convertido precisamente en... Maestros del Universo.
¿Cuántos mafiosos ya conoces, desde Al Capone hasta John Gotti, que eran gays?
¿Qué tan viejo sería usted si no supiera cuántos años tiene?
Aquel que ama, el mismo se ata y se mata, y se hace de señor siervo, en tanto que todos cuantos ve se piensa que le usurpan su amor, y con muy poca superstición todo en su corazón se perturba y se le revuelve de dentro.
¿Cuántos héroes famosos y de gran espíritu han vivido un día demasiado largo?
¿Sabes cuántos años tengo? Soy tan viejo que recuerdo cuando Letterman solía ser divertido y había presidentes que fueron graves. Esa es la edad que tengo.
No sé cuántos pensamientos tenemos en un segundo, pero es un número increíble, y acaba de definir la secuencia adecuada de las personas. Todo lo que realmente necesita es un lápiz y un pedazo de papel.
Hay millones de artistas que crean; sólo unos cuantos miles son aceptados o, siquiera, discutidos por el espectador; y de ellos, muchos menos todavía llegan a ser recordados por la posteridad.
¡Libertad, libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!
Si no existieran hijos, yernos, hermanos y cuñados, cuántos disgustos se ahorrarían los jefes de gobierno.
Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!
¡Ah, si nos fuera dado el poder de vernos como nos ven los demás! De cuántos disparates y necedades nos veríamos libres.
Si las preocupaciones íntimas de cada uno se leyeran escritas en su frente, ¡cuántos que causan envidia nos moverían a lástima!
El cielo de la fama no es muy grande, y cuántos más en él entren a menos tocan cada uno de ellos.