La gente, en general, soporta mucho mejor que se hable de sus vicios y crímenes, que de sus fracasos y debilidades.
La ignorancia es la madre de todos los crímenes.
¡Libertad, libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!
Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre.
Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.
Los malos ejemplos son más dañinos que los crímenes.
Si la pobreza es la madre de los crímenes, la falta de espíritu es su padre.