En realidad, la atracción o el afecto no son más que simpatía de la costumbre.
La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna.
La costumbre hace ley.
La novedad atrae la atención y también el respeto, pero la costumbre hace que desaparezca pronto; apenas nos dignaríamos a mirar el arcoíris si permaneciese mucho tiempo en el horizonte.
La costumbre disminuye la admiración, y una novedad moderada suele vencer a la mayor eminencia envejecida.
Los satisfechos, los felices, no aman; se duermen en la costumbre.
Hay muchas personas que adquieren la costumbre de ser infelices.
La metafísica es una sustituta de la costumbre, como fuente y garantía de los más altos valores morales y sociales; una filosofía renovada y restaurada por la filosofía cristiana de la Europa medieval.
El arte de vencer las grandes dificultades se estudia y adquiere con la costumbre de afrontar las pequeñas.
Cristina Trivulzio di Belgioioso
¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda!
Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores.
Al principio y al final de las catástrofes, siempre se dice algo retórico. En el primero, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad.
Estas páginas accesorias con las que suele ser costumbre presentar las nuevas salidas de los libros, se agostan sobre la marcha y con ellas no valen vitaminas, ni testovirones, ni paños calientes.