Es bastante fácil alabar a los hombres por el coraje de sus convicciones. Me gustaría poder enseñar a los jóvenes tristes de esta generación harinosa la valentía de sus confusiones.
No vamos a ceder ante la violencia. No podrán privarnos de la libertad sindical. Nunca estaremos de acuerdo en enviar personas a prisión por sus convicciones.
La tolerancia es la virtud del hombre sin convicciones.
Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse.
Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.
Las convicciones son más peligrosos enemigos de la verdad que las mentiras.
Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión.