Un cobarde es una persona en la que el instinto de conservación aún funciona con normalidad.
El hábito es el enorme volante de inercia que mueve a la sociedad, su más valioso agente de conservación.
¡Ay de los pueblos gobernados por un poder que ha de pensar en la conservación propia!
Con tanto ardor deben los ciudadanos pelear por la defensa de las leyes, como por la de sus murallas, no siendo menos necesarias aquéllas que éstas para la conservación de una ciudad.
Si el partido principal, sea el pueblo, el ejército o la nobleza, que os parece más útil y más conveniente para la conservación de vuestra dignidad está corrompido, debéis seguirle el humor y disculparlo. En tal caso, la honradez y la virtud son perniciosas.