Ser honrado no conduce a ninguna parte que aprecien los demás.
Jamás el esfuerzo conduce a la fortuna.
Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya.
Solamente la libertad que se somete a la Verdad conduce a la persona humana a su verdadero bien. El bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad.
La guerra incondicional ya no conduce a la victoria incondicional.
Arréglese al estado como se conduce a la familia, con autoridad, competencia y buen ejemplo.
Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.
La vejez conduce a una tranquilidad indiferente que asegura la paz interior y exterior.
Ningún camino de flores conduce a la gloria.
El hombre juicioso sólo piensa en sus males cuando ello conduce a algo práctico; todos los demás momentos los dedica a otras cosas.
El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos caballos enérgicos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del caballo negro (placer) y armonizarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.
El mejor automovilista es aquel que conduce con imaginación... imagina que su familia va con él en el auto.
Saltar rápidamente a conclusiones rara vez conduce a felices aterrizajes.