Nosotros, los mortales, logramos la inmortalidad en las cosas que creamos en común y que quedan después de nosotros.
Es de sentido común elegir un método y probarlo. Si falla, admitirlo sinceramente y probar con otro. Pero, sobre todo, intentar algo.
No hay nada tan común como el deseo de ser elogiado.
El aconsejar es un oficio tan común que muchos lo usan y pocos saben hacerlo bien.
Las cosas se llaman equívocas cuando sólo tienen en común el nombre.