En el planeta de la televisión, donde los hombres representan la tribu, la ley de las normas de los hombres de las cavernas. Por lo tanto, para una mujer que viene de otro mundo, sin experiencia o astucia, tener éxito gradualmente en ganar control sobre lo que se ha grabado, lo que sale al aire, lo que se dice y sin censura, es una hazaña épica.
Somos lo suficientemente dispuestos a alabar la libertad cuando está segura en el pasado y no puede ser una molestia. En la actualidad, en medio de peligros cuyo resultado no podemos prever, nos ponemos nerviosos acerca de ella y aceptamos la censura.
La censura termina en integridad lógica cuando a nadie se le permite leer algún libro, excepto los libros que nadie lee.
Los libros que nunca serán leídos, y todo por miedo a la censura. Como siempre, los jóvenes lectores son los verdaderos perdedores.
Nada es perjudicial para la literatura, excepto la censura, y que casi nunca detiene la literatura, porque la literatura tiene una forma de superar todo lo que la bloquea y hacerse más fuerte para el ejercicio.
En cuanto al mal que resulta de una censura, es imposible de medir, ya que es imposible saber dónde termina.
El peor mal, que es producto de la censura, es la autocensura, ya que los giros de espinas destruyen mi carácter, porque tengo que pensar en otra cosa y decir otra, siempre tengo que controlarme.
Deja que los niños lean lo que quieran y luego hablen de ello con ellos. Si los padres y los niños pueden hablar juntos, no tendremos tanta censura porque no tendremos tanto miedo.
Hay una delgada línea entre la censura, el buen gusto y la responsabilidad moral.
Yo voy a dar al pueblo estadounidense una enorme ración de verdad sin censura: que no podemos seguir gastando lo que estamos gastando, que no podemos evitar la reforma de las prestaciones porque tenemos miedo a la política del tercer carril.
El hecho es que la censura siempre derrota su propio propósito, y al final, crea el tipo de sociedad que es incapaz de ejercer una verdadera discreción.
Parece que estamos de acuerdo con la violencia, pero la crítica y censura la llevan a la desnudez.
¿Qué puede hacer cada uno? Alabanza y censura. Esta es la virtud humana, esto es una locura humana.
Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
No existe para el hombre más que una verdadera desdicha: incurrir en falta y tener motivo de censura contra sí.