El capital no es un mal en sí mismo, el mal radica en su mal uso.
El trabajo es el único capital no sujeto a quiebras.
El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y del otro.
El tiempo es el único capital de las personas, que solo tienen su inteligencia como fortuna.