Sólo porque existe la escasez, hay un problema para formular leyes morales; mientras los bienes sean sobreabundantes (bienes “libres”), no resulta posible que haya conflicto sobre su uso y no se necesitan acciones de coordinación. Por tanto, se deduce que cualquier ética correctamente concebida debe formularse como una teoría de la propiedad, es decir, una teoría sobre la asignación de derechos de control exclusivo sobre bienes escasos. Porque sólo entonces resulta posible evitar conflictos de otra forma inevitables e irresolubles.
Desafortunadamente, no es muy bien comprendido que, de la misma manera que el Estado no tiene dinero propio, tampoco posee poder propio. Todo el poder que tiene es el que le ha dado la sociedad, más lo que de vez en cuando confisca bajo uno u otro pretexto. No existe otra fuente de la que el Estado pueda extraer poder. Por lo tanto, cada apropiación de poder estatal, ya sea voluntaria o confiscatoria, deja a la sociedad con menos poder. Nunca hay ni podrá haber ningún fortalecimiento del poder del Estado sin una correspondiente y prácticamente equivalente disminución del poder social.
Los anarquistas son realistas duros. En cambio, aquellos que tienen esa fijación con algún tipo de gobierno ideal, que en realidad no es más que una banda criminal con bandera, son los verdaderos soñadores idealistas sin una firme comprensión de la realidad.
El gran 'non sequitur' cometido por los defensores del Estado, es saltar de la necesidad de la sociedad a la necesidad del Estado.
Invitamos a cualquiera que verdaderamente crea en la naturaleza “voluntaria” del impuesto a negarse a pagarlo, y entonces verá lo que le sucede.
El Estado es una banda de ladrones en grande.
Por tradición y lógica, el Estado para lograr sus fines tiene que recolectar tributos. Esto requiere robar, a punta de pistola, dinero (propiedad privada) a todos sus súbditos, incluso a aquellos que no desean sus proyectos. Esto es robo a mano armada. No hay otro término que lo pueda definir. El Estado continúa en su labor, primero porque tiene más armas que los saqueados, y segundo porque la población ha llegado a creer, tras tantos años de adoctrinamiento público, que semejante latrocinio es necesario para la conservación y el progreso de la civilización.
Puedo predecir que, si aparecieran instituciones anarcocapitalistas en este país mañana, la heroína sería legal en Nueva York y ilegal en la mayoría de otros lugares.
Una sociedad objetiva ideal con un gobierno limitado es superior a una sociedad anarcocapitalista en exactamente la misma medida en que una sociedad socialista ideal es superior a una sociedad capitalista. El socialismo funciona mejor con gente perfecta que el capitalismo con gente imperfecta; el gobierno limitado funciona mejor con gente perfecta que el anarcocapitalismo con gente imperfecta. Y es mejor ponerse bikini cuando brilla el sol que usar impermeable cuando llueve. Pero eso no es un argumento válido en contra de usar un paraguas.
El uso directo de la fuerza física es una solución tan pobre al problema de los recursos limitados que normalmente sólo es empleado por niños pequeños y por las grandes naciones. La solución habitual es que el uso de cada cosa debe ser decidido por una persona o por algún grupo organizado bajo un conjunto de reglas. A esto se le llama propiedad. Si cada cosa es controlada por un individuo que tiene el poder de transferir ese control a otro, llamamos a eso la institución de la propiedad privada.
Nuestra conclusión es que un mercado libre como el alabado por los utilitaristas, basado en el reconocimiento de todos los títulos de propiedad actualmente existentes, es nulo y éticamente nihilista.
El axioma básico de la teoría política libertaria postula que cada hombre es dueño de sí mismo, en posesión de soberanía absoluta sobre su propio cuerpo. En efecto, esto significa que nadie puede invadir o agredir justamente el cuerpo de otra persona. Se sigue entonces que cada persona posee justamente cualquier recurso, previamente sin dueño, del cual se apropia o que “mezcla con su trabajo”. A partir de estos axiomas gemelos –Propiedad sobre sí mismo y la apropiación originaria– se construye la justificación para todo el sistema de títulos de propiedad en una sociedad de libre mercado. Este sistema establece el derecho de cada persona a su propia persona, el derecho a donar, heredar (y, en consecuencia, el derecho a heredar) y el derecho al intercambio contractual de títulos de propiedad.
En otras palabras, creemos que el capitalismo es la máxima expresión del anarquismo y el anarquismo es la máxima expresión del capitalismo. No solo son compatibles, sino que no se puede tener uno sin el otro. El verdadero anarquismo será el capitalismo, el verdadero capitalismo será el anarquismo.
El credo libertario descansa sobre un axioma central: que ningún hombre o grupo de hombres puede tener el derecho de agredir a la persona o a la propiedad de cualquier otro. Esto puede llamarse el axioma de la no agresión. La agresión se define como la iniciación del uso, o la amenaza, de violencia física contra la persona o la propiedad de cualquier otro. La agresión es, por tanto, sinónimo de invasión.
El anarquismo es una doctrina que propugna la desaparición del Estado y de todo poder. También es una filosofía política y social que llama a la oposición y abolición del Estado entendido como gobierno y, por extensión, de toda autoridad, jerarquía o control social que se imponga al individuo, por considerarlas indeseables, innecesarias y nocivas. Sébastien Faure, filósofo anarquista francés, dijo: «Cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista».