Soy un hombre muy afortunado. Es una cosa hermosa para un escritor, ver a la gente permitiendo que sus palabras entren en su propio inconsciente y en sus almas.
Las almas bellas son las que son universales, abiertas y están listas para todo.
En la naturaleza, las cosas están mucho más separadas que las almas.
Las almas bellas son las únicas que saben todo lo que hay de grande en la bondad.
El amor casto engrandece a las almas.
Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo, induce inevitablemente a lágrimas a las almas sensibles.
La gratitud es como aquel licor de Oriente que sólo se conserva en jarros de oro: perfuma las almas grandes y se agria en las pequeñas.
Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debe pertenecer a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a las muy superiores, o a las muy estúpidas, les es dado no admirarse de nada.
Las almas ruines sólo se dejan conquistar con presentes.
El dinero ha aniquilado más almas que el hierro cuerpos.
El dinero, que ha hecho morir a tantos cuerpos, hace morir todos los días a miles de almas.
Las almas generosas son dóciles.
Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud.
Nada prende tan pronto en las almas como esta simpatía de la risa.
Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en la que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.