Oscar Wilde y William Shakespeare, a pesar de pertenecer a épocas diferentes, comparten una profunda reflexión sobre la naturaleza humana y la búsqueda de la felicidad. Wilde, con su aguda ironía, sugiere que la percepción artística está alejada de la realidad, lo que implica que la felicidad puede ser una ilusión construida a partir de la percepción. Por otro lado, Shakespeare, en su exploración de las emociones humanas, revela las complejidades del amor y la búsqueda de la felicidad, destacando que esta no puede encontrarse en otros. Ambos autores, a través de sus frases, invitan a cuestionar la autenticidad de las emociones y los valores humanos, mostrando que muchas veces la verdad y la felicidad son conceptos subjetivos, moldeados por nuestras propias experiencias y vicios.
Oscar Wilde
Poeta de Inglaterra (1854–1900)
Oscar Wilde fue, además, dramaturgo y escritor. Se le considera uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano. Wilde fue una persona célebre en esa época debido a su gran y aguzado ingenio. Hoy en día, es recordado por sus epigramas, obras de teatro y la tragedia de su encarcelamiento, seguida de su temprana muerte.
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William Shakespeare
Poeta de Inglaterra (1564–1616)
Shakespare es considerado el autor más influyente e importante de habla inglesa, además de ser considerado uno de los escritores más célebres en la escena mundial. Además de poeta fue dramaturgo y actor. Sus escritos son ampliamente reproducidos mundialmente. Escribió sobre diversos temas y formatos, como novelas de amor, obras de teatro, obras históricas, poemas, entre otras. Varias obras fueron famosas como Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo, El rey Lear, Macbeth y Antonio y Cleopatra.
Frases de William Shakespeare
El amor es demasiado joven para saber qué es la conciencia.
Qué obra tan grande es un hombre, qué noble en razón, qué infinito en facultades, en la forma y en el cambio, qué expresivo y admirable, en la acción como un ángel, en la comprensión como un dios.
Pero oh, qué amarga es la búsqueda de la felicidad en los ojos de otro hombre.
Las mujeres pueden caer cuando no hay fuerza en los hombres.
Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios.
Procurar lo mejor a menudo estropea lo que está bien.
El amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.
Los hombres cierran sus puertas contra un sol poniente.
La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
Un hombre ama a la carne en su juventud que no puede soportar en su edad.
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