Oscar Wilde y H. L. Mencken comparten un agudo escepticismo hacia la naturaleza humana y las dinámicas sociales. Wilde, con su ingenio mordaz, observa cómo los poderosos dominan a los débiles, reflejando una visión cínica de las relaciones interpersonales. Sus afirmaciones sobre el amor y la interacción entre hombres y mujeres sugieren una crítica a las convenciones sociales. Mencken, por otro lado, adopta un enfoque más directo y provocador, denunciando la búsqueda de seguridad sobre la libertad y la hipocresía en la política y el deporte. Ambos autores, aunque desde ángulos diferentes, cuestionan la autenticidad de las relaciones y el comportamiento humano, revelando un profundo desencanto con las estructuras sociales establecidas.
Oscar Wilde
Poeta de Inglaterra (1854–1900)
Oscar Wilde fue, además, dramaturgo y escritor. Se le considera uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano. Wilde fue una persona célebre en esa época debido a su gran y aguzado ingenio. Hoy en día, es recordado por sus epigramas, obras de teatro y la tragedia de su encarcelamiento, seguida de su temprana muerte.
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H. L. Mencken
Escritor de Estados Unidos (1880–1956)
H. L. Mencken
Henry Louis Mencken fue un periodista, editor y crítico social, conocido como el "Sabio de Baltimore". Es considerado uno de los escritores más influyentes de los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX.
Mencken nació en Baltimore, Maryland, hijo del propietario de una tabacalera. Comenzó a trabajar como reportero del Baltimore Morning Herald en 1899, y se pasó al Baltimore Sun en 1906. En 1908 empezó a escribir como crítico literario para la revista The Smart Set. Fundó su propia revista, The American Mercury en enero de 1924, y pronto fue de circulación nacional. Gracias a su capacidad como editor y "hombre de ideas" Mencken fue amigo de las más importantes figuras literarias de su época, incluyendo a Theodore Dreiser, F. Scott Fitzgerald, y Alfred Knopf.
Mencken fue defensor de la libertad de conciencia y de los derechos civiles.
Frases de H. L. Mencken
Odio todos los deportes tanto como una persona que ama los deportes odia el sentido común.
Cada parte roba tantos artículos de la fe de los otros, y los candidatos pasan tanto tiempo en hacer discursos de los demás, que para el día de las elecciones el tiempo ha pasado, no hay mucho que hacer, salvo ahorrar a su vez a los bribones que se sientan afuera y dejar que una nueva banda en.
En la guerra, los héroes siempre superan en número a los soldados de diez a uno.
Los hombres tienen una vida mucho mejor que las mujeres. Por un lado, se casan más tarde y, por otro, mueren antes.
La mayoría de la gente quiere seguridad en este mundo, no la libertad.
Cuando escuchas a un hombre hablar de su amor por su país, es una señal de que espera que se le pague por ello.
Leyenda: Una mentira que ha alcanzado la dignidad de edad.
Solteros saben más acerca de las mujeres que los hombres casados, si no lo hicieran estarían casados también.
Cuando las mujeres se besan siempre recuerda a boxeadores dándose la mano.
Lo que los hombres valoran en este mundo no son los derechos sino privilegios.
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