Albert Einstein y Voltaire, aunque proceden de contextos muy diferentes, comparten una profunda crítica a la condición humana y a las estructuras de poder. Einstein, con su enfoque científico, subraya la fragilidad de la civilización y cómo los grandes espíritus enfrentan la mediocridad, mientras que Voltaire, como filósofo y satirista, denuncia la irracionalidad del poder y la corrupción de la verdad. Ambos autores resaltan la importancia del amor y la razón, aunque Einstein lo hace desde una perspectiva más esperanzadora, sugiriendo que el amor es el origen del pensamiento, mientras que Voltaire, con un tono más cínico, pone en duda la capacidad de la humanidad para alcanzar la perfección. En conjunto, sus obras invitan a la reflexión sobre la naturaleza del progreso y el papel del individuo en la sociedad.
Albert Einstein
Científico de Alemania (1879–1955)
Se le considera el científico y físico más influyente del siglo. Descubrió varias teorías, siendo la más famosa su teoría de la relatividad. Fue el inventor también de la bomba atómica, aunque siempre defendió el pacifismo. Disfruta de sus mejores frases.
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Voltaire
Escritor de Francia (1694–1778)
Voltaire, de nombre real François Marie Arouet, fue también un historiador, filósofo y abogado. Figura como la mayor figura del movimiento de la Ilustración, donde se enfatizaba a la razón humana y la ciencia por encima de todo. Fue elegido miembro de la Academia Francesa en 1746, reconociendo, así, sus capacidades literarias. Son conocidas sus discrepancias ideológicas sobre la guerra con su compatriota Montesquieu. También encuentra una buena representación de su moral con los escritos del filósofo inglés y artífice del liberalismo John Locke.
Frases de Voltaire
Dios es un comediante que actúa para una audiencia demasiado asustada para reír.
De hecho, la historia no es más que un cuadro de crímenes y desgracias.
Cualquier persona que tiene el poder de hacerte creer absurdidades tiene el poder de hacer que confíes en injusticias.
La perfección se alcanza poco a poco, lentamente, y requiere la mano del tiempo.
Las discusiones metafísicas se parecen a los globos llenos de aire; cuando revientan las vejigas, se observa cómo sale el aire y no queda nada.
Las mujeres muy instruidas se encuentran, de la misma manera que las guerreras, pero rara vez o nunca son inventoras.
El marido que decide sorprender a su esposa a menudo se sorprendió mucho a sí mismo.
Quien no tiene toda la inteligencia de su edad, tiene toda su desgracia.
El primer paso que se da en el mundo, hijo mío, es el que determina el resto de nuestros días.
¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De los enemigos ya me encargo yo.
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